Pasando página, casi una despedida

Cuando uno siente que se emociona más al recordar libros que ha editado que en los textos que podrían estar por venir, es hora de pasar página.

Últimamente ®Facebook me despierta cada mañana esa sensación con su aplicación de “recuerdos”. Comparto esos recuerdos con más alegría de la que siento cuando abro el email de la editorial y me encuentro en su bandeja de entrada manuscritos -algunos interesantísimos- que realmente me gustaría publicar, como el último de Vicente Gutiérrez, o Javier Mariscal. Pero no consigo despertar ningún tipo de pasión en la tarea. Nada me empuja ya a hacerlo.

En la búsqueda de nuevos límites y experiencias, he buscado abrir nuevas colecciones. Proyectos más cerrados en el tiempo que me excitaran de nuevo: acoger un premio literario, abrir una serie de bibliotecas temáticas (Poesía venezolana, Biblioteca Ultraísta, entre otras), libros de estudio, y un pequeño etc. Pero ninguna ha terminado de cuajar, salvo el Premio Internacional de Poesía que acaba de convocar recientemente la II edición.

La Biblioteca Ultraísta, por ejemplo, que empezó a fraguarse entre Mario Álvarez  y un servidor casi desde que nos conocimos en la librería Especies de Espacios hace ya unos cuantos años (él dirigía por entonces la revista Nueva Grecia). Estaba ya estructurada en febrero, cuando se vino abajo por cuestiones ajenas a mí, o a la editorial. La iba a dirigir el profesor Barrera y constaría de 17 títulos casi inencontrables en la actualidad. Títulos e introducciones que supondrían una suerte de estudio práctico de este movimiento en España y, sobre todo, en Andalucía. Pero hay manos grandes en Sevilla que ahogan cualquier intento de sacar cabeza con propuestas que creíamos interesantes.

Tampoco me llamó nunca la atención publicar por publicar, a diestro y siniestro, con tal de que los amigos de unos y los familiares de los otros hagan salir unos números en una caja de un sistema de negocio basado en novedades y devoluciones permanentes que hace del lucro (ya hay que ser merluzo para intentar lucrarse con esto) casi una moneda virtual, pero sin valor real.

Otra cosa

Esta editorial quería ser otra cosa. Quería probarse a sí misma que podía haber un hueco para esa otra cosa. Pero ni los que dicen buscar esa otra cosa en los editores creen realmente en ella. Solo la nombran como se pronuncia un discurso, como cuando un autor gana un premio tras haber denunciado constantemente los trapicheos y corruptelas que se mueven en la tramoya de los mismos. Resulta que su Premio siempre es justo y no manipulado. Y la rueda gira. Como la prensa (la imprenta), las novedades, las devoluciones y la papelera de reciclaje.

Hablo de la pureza de hacer las cosas por gusto. Despacio. Con un criterio únicamente creativo, basado en el texto, no numerológico o de resultados. A un sistema que no tiene consumo es idiota aumentarle la oferta artificialmente, y construir a su alrededor una industria. La bibliodiversidad es necesaria como la pluralidad de ideas, pero estamos tendiendo a producir desperdicio más que alejarnos de los epígonos interconectados, o apostar por la originalidad y la experimentación, los conceptos, la investigación, la reflexión. Las humanidades son eso exactamente, no una lista de sentimentalismos versificados o literatura situacionista con colorido cotidiano y sabor BigMac.

[Las editoriales ya no apuestan por la cultura], […] lo que está pasando con estos libros que publica gente que no son escritores, y que muchas veces se los han escrito, es una espiral muy peligrosa. Sonia Hernándezen ABC Cultural.

Casi una despedida

El próximo 30 de Mayo iré a la Feria del Libro de Madrid. Algunos autores firmarán en la caseta 38. La caseta de nuestra querida distribuidora Librerantes. Pasearemos un poco para recoger el ambiente. Compraré algún libro. Saludaré a quien me encuentre. Haré fotos. Disfrutaré. Me subiré de nuevo al tren y abriré de nuevo el horizonte de expectativas. Se avecina un nuevo ciclo vital (eso dirá el paisaje de alta velocidad) y poco a poco irá saliendo de los cajones, corregiré el tiempo y la mirada, me situaré de nuevo en el escritorio, me haré personaje, reflejo, y se diluirán las ideas entre lecturas, estructuras, versos o fotografías, nuevos estudios y trabajos, caerán olvidos y se presentarán deudas que dejé en el camino: promesas a mí mismo que crecen como un tumor desconocido. Ahora dan la cara y es la hora de ir llamando a la muerte por su nombre. Citarse con ella. ¿Pero cuándo?