Sin mar, sin playa

Esta serie quiso significar la derrota, la incapacidad de una unión humana real.

Esta serie, estaba dentro de un proyecto mayor e imposible basado en el “ritmo semántico” de la Sinfonía del Nuevo Mundo de Dvorak. Según la impresión que le causaban sus diferentes movimientos, pretendía reinterpretarlos o reescribirlos a su manera. Un trabajo masivo y espeluznante al que renunció a las pocas semanas. Solo quedó esta serie de sonetos, que además está incompleta: creo que perdió el sexto texto en manos de algún amigo y paciente lector o gracias a su despiste superlativo.

Quedan pues cinco de seis textos “presupuestados”.

Esta serie fue el segundo intento de justificar las estructuras como entidades semánticas.

A su vez, volvía a insistir en la idea, que ya no abandonará, de que los libros, sean del género que sean, y estén en el medio que estén, deben estar pensados y elaborados como un todo. Un título, una obra.

Entrando ya en materia, elejió el soneto por varias razones. La principal quizá fuera su carácter cerrado y paralelístico. Esto último fue el elemento principal que alimentó su elección: Cómo crear dentro de una estructura cerrada la sensación imposible de unión: La exacerbación, gradual, del elemento paralelo iba a ser  fundamental.

La rima también quiso significarla: de asonancia a consonancia, en progresión. De nuevo. Le otorguó a la rima consonante un matiz negativo: de cierre o candado. De ahí que el primer soneto sea asonantado y gradualmente vaya consonándose.

La historia iba a ser sencilla: usando los cinco sentidos como clave, un yo ve a un tú, lo huele, lo  oye, lo degusta, lo palpa. Un subtema agonista y otro antagonista: el amor vs el sexo.  No por creencia, sino por mantener la dualidad y las líneas paralelas, la incapacidad de aunar… Cómo a pesar de la consumación, de la intimidad más expuesta y exhaustiva, no puede darse la unión total.

Podría extenderme más pero para un proyecto roto no caben más palabras que las del propio texto que iré depositando por entregas.