Libreros, especie desprotegida

Perdimos al ferretero, al panadero… y las librerías, templos de un viejo oficio no más a salvo, sobreviven como pueden a base de imaginación, mientras sus dueños se preguntan quién va a salvar a las personas en la era tecnológica.

Marina Jiménez (El Correo de Andalucía)

El pasado 14 de febrero, El Correo de Andalucía publicó este extenso reportaje sobre la situación y perspectivas de las librerías, contada por algunos libreros de Sevilla (La Fuga, Casa Tomada, Especies de Espacios), Madrid (Tipos Infames) y Barcelona (La Caníbal). Han tenido a bien incluir algunos de mis dimes y diretes, o dislates, y alguna fotillo de lo que será siempre para mí -ahora que el cierre se precipita- una de las expectativas vitales que he podido cumplir durante estos años. Merece la pena oir lo que los libreros sienten tras el mostrador, sobrellevando día a día el peso de las muchas realidades que se acumulan sobre ese concepto llamado libro, que encierra de una manera tan sencilla todo lo que la humanidad es capaz de imaginar, pensar, sentir, explotar… Aquí os dejo el reportaje completo en PDF. 

El-Correo-Feb-2016

La entrevista completa

  • La CEGAL publicó hace unos días que por primera vez desde 2008 había aumentado el número de establecimiento de venta de libros, unos 200 más que el año pasado. Este aumento se debe, sobre todo, a la eclosión de pequeñas librerías independientes. ¿Compartís este optimismo? ¿Creéis que ha mejorado la situación para librerías como la vuestra?

Son buenos números, sin duda, pero no soy especialmente optimista hoy por hoy. Sobre todo en una ciudad como Sevilla, donde la “maravilla” es más una palabra farolillo que una realidad cultural profunda. Las pequeñas librerías independientes, aunque nos especialicemos y tratemos de generar una comunidad y una agenda de actos culturales, la realidad es que sobrevivimos más o menos, salvo excepciones, porque tenemos actividades complementarias a la venta de libros. En nuestro caso, todas ellas giran en torno al libro: tenemos una editorial (palimpsesto 2.0), y a la vez somos impresores y damos nuestros servicios editoriales a terceros.

  • Cada vez son más las librerías multifuncionales: presentaciones, actividades, cafetería, etc. ¿Crees que estamos ante un nuevo concepto de librería?

El concepto no sé si es nuevo, para mí es natural y orgánico porque nosotros nacimos con la idea global de proyecto, no nos tuvimos que adaptar a las circunstancias del bajo consumo de la crisis. Sinceramente, no tiene mucho sentido económico abrir una librería sin más. Es casi un suicidio laboral, si no tienes una cartera del tamaño de un fondo de inversiones, o uno de estos detrás. De ahí que la mayoría acabe prostituyendo el concepto de librería (tal y como yo lo entiendo: lector y prescriptor de libros, gestor cultural), y acaba vendiendo de todo en lugar de cuidar un fondo y una propuesta ideológica, estética o literaria basada en el libro. Se convierte, pues, en una tienda de suovenirs culturales y banaliza los contenidos (que para eso se inventó el continente libro) con los pseudolibros de artista y las bagatelas periféricas con “motivos culturales”, como tazas con citas de autores, camisetas, bolsos artesanos, biografías de teleartistas como Belén Esteban, etc.: casi no queda espacio para los ensayos políticos o literarios, o para la poesía.

  • ¿Qué es lo que más dificulta la labor de las librerías independientes?

La escasez de verdaderos lectores. La capacidad de hacernos visibles.

  • ¿Ha hecho daño el libro electrónico y la piratería de éste?

En absoluto. Soy defensor y consumidor del contenido digital. Quizá habría que preguntar a CEGAL por qué en vez de demonizar al contenido digital no hacen un esfuerzo por incluirlo en el catálogo de sus librerías. Nosotros lo intentamos, pero la mala elección del proveedor de hosting y de desarrolladores informáticos nos fulminó el presupuesto para ello y nunca pudimos abrir el catálogo digital, que nunca debe ser un enemigo, sino un aliado y una continuación del catálogo en papel.

  • ¿Qué ventajas ofrecen al lector las pequeñas librerías más especializadas? ¿Cuál es su valor comparativo frente a las grandes superficies?

Podríamos hablar de trato directo y personalizado, de la creación de ambientes y de islas donde refugiarse, donde perderse sin rumbo fijo y rebuscar a ver qué título te sorprende, te encuentra. Aunque la realidad es que en estos años pocas veces he podido ver ese fenómeno: nos hemos convertido en consumidores directos y marcados: el tiempo es fulminante y no hay derecho a perderlo rebuscando, o hablando con el librero. Nos marcamos una meta y esta debe llegar a nuestras manos rápida, y por supuesto, económicamente. Además, parece que la cultura últimamente debe ser gratis o subvencionada, o no ser. Y esta idea, que va calando, no sé dónde se origina pero, en definitiva, ha ido convirtiendo al libro en un objeto de lujo que se consume casi más por coleccionismo que por ansia de conocimiento, ideas, o belleza. Y es ahí donde mueren las sociedades y acaban gobernándonos patanes y ladrones mientras adoramos a cristos santísimos, veneramos estrellas de fútbol y orinamos litros de cerveza al día.

  • ¿Es complicado el arranque y mantenimiento de negocios así? ¿Es una labor quijotesca, en este contexto de crisis?

Sí, es duro, con crisis o sin crisis. Duermes poco, comes mal, ausencia de vida personal… Igual de duro que emprender cualquier empresa.

  • ¿Hay que hacer una gran inversión?

Sí. Las grandes distribuidoras te piden avales generalmente, o cierto tiempo de compra en firme de fondo antes de concederte crédito y depósito, publicidad, espacios web, agenda cultural, acondicionamiento del local, estanterías…

  • ¿Es más personal el trato con el lector en este tipo de librerías?

Creo que sí. Si no, mal vamos. Son las distancias cortas y el detalle lo que marca la diferencia. Lo que fideliza y une. En realidad, si lo piensas, es tan personal, tan difícil y tan caro (la fidelidad es frágil dentro de un mercado), como la vida misma… Como encontrar ese libro perfecto que siempre va uno buscando en las estanterías.

 

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