La lista sin nombres

Como es habitual cada fin de año, caen listas como caen imperios. Listas de regalos, listas de los mejores libros, los peores, las antilistas y un sin fin de cristales, de escaparates, rotos. Casi todas las listas son públicas, con nombres propios quiero decir. Fulano de Tal, entre los diez escritores imprescindibles del año. El título cual, la mejor novela del año. El crítico nosequientitos dice que sus 10 libros fabulosos del año han sido estos o aquellos, escritos por Tal y Pascual. Habrá más listas, pero como estamos donde estamos, pues me quedo en lo mío.

Yo he venido hoy aquí para hablar de mis listas. Porque tengo unas cuantas. Aunque voy a centrarme en tres. Dejo la lista negra (que cada vez es más larga) y la de la compra (donde no hay ningún libro), para otros momentos de especial inspiración.

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Vuelve Belén, como los portales en Navidad

La primera lista, es la de las listas que no he leído: la de Babelia y la de El Cultural. Aunque son la referencia para la mayoría por motivos obvios (son los medios mayoritarios y establecen el cánon por imposición y aplastamiento), no me interesan porque están invadidas por intereses ajenos al texto en sí mismo. A la obra artística. Aunque algunos de los “listados” tengan ese valor intrínseco, está manchado y huele… rarito. Huele a cómprame o a Sálvame (las cuentas anuales) Deluxe. Intereses de compañía® por así decirlo. Por los mismos motivos interesantes me importan un comino las listas de los escritores que me gustan o a los que sigo y admiro. Siempre hay quien no “pica” en el favor, pero prefiero encontrar mis mejores libros de la mejor manera posible, a través de los propios libros: unas referencias te llevan a otras y sigues las huellas de la historia, que es más divertido. También la casualidad te encuentra en las estanterías, en las librerías. Sin embargo, puede que al final tanto un medio como el otro sean lo mismo. A veces, las citas y algunas referencias, en los libros, son un peaje a algún nuevo estado dentro de alguna de las jerarquías establecidas donde haya ido a recalar el autor “x”. El sobre en B de la política literaria. Aunque de primeras siempre me auto-engaño, porque al final, como todos los imperios afincados en castillos de poder, solo quedan naipes desvencijados con los que nadie juega.

La segunda lista es para mí, bastante más especial. La de los manuscritos originales que pasaron por mis manos y que luego he visto publicados en otras editoriales. No son pocos. Al menos 10. Los motivos de cada editor para publicar una obra son muy particulares, y yo solo puedo defender los míos: construcción de un catálogo con una significación propia, creación de un discurso, economía y tiempo mínimo de producción con garantías de calidad. Unos por unos motivos y otros por otros tantos se quedaron fuera de nuestro proyecto y me ha alegrado mucho que pudieran ver la luz en otros sellos. De verdad. Que les sea fructífera la vida en 2015 y más allá. Claro. Quien esté esperando los títulos y/o los nombres, que espere sentado. Y desclasifico la tercera.

La lista sin nombres

  • Cohete 1. El autor que no publica, y esto va a doler, es porque no quiere. Hay empresas que lo publican todo.
    Cohete 2: Hay editores que son autores frustrados.
    Cohete 3: Sí, hay demasiados libros que no dejan ver los árboles.
    Cohete 4: Hay árboles inmaduros que podrían haber sido “muy mejores”, en lugar de solo buenos libros, o libros.
    Cohete 5: Hay autores que no leen.
    Cohete 5: Hay editores que no leen.
    Cohete 6: Hay lectores que creen que son escritores.
    Cohete 7: La destrucción de la literatura viene de la propia literatura, como en los imperios.
    Cohete 8: Quizás haya que dejar de hacer literatura, y dejar que se escriba.
    Cohete 10: Quizá el único nombre propio de esta lista sea el  mío. ;-P

 Fin del artefacto

 

 

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