El patio de mi casa

Yo crecí en un barrio periférico, como todos los que no se encuentran las raíces. Recuerdo que al salir de casa, todo era nuevo y era escombro. Un arriate recién plantado, una acera gris hidráulica, mucha protección oficial, y una explanada  de tierra donde nos dábamos patadas mientras la pelota corría por el otro lado de la tapia. Una y otra vez encontrábamos el agujero en su defensa, como los trenes, que marcaban su gol con la bocina mientras nos jugábamos la piel trepando en su busca, como si supiéramos que alguna vez dejarían de pasar por aquí esos trenes y todo ese imaginario pobre se convertiría en materia progresista, en sucursales bancarias, en floristerías y despachos de abogados, en clínicas privadas, en grandes avenidas y supermercados de cadena. El ultramarino ha desaparecido del lenguaje. Como los amigos de la infancia. Nada está como lo recuerdo y ya no puedo volver. Sigo en mi extrarradio. En ese tan distinto, el de dentro, al patio al que llego siempre de nuevo cuando vuelvo a casa de mis padres y siento extraño el picaporte porque es otra la puerta, otros los nombres que esperan en los buzones vacíos de correspondencia.

He vuelto al patio de mi casa, como se vuelve a la página en blanco, con la mirada extraña del que cree haberse encontrado en un pasado que no existe. Todo cambia pero no parece que todo se haya dado cuenta. Ya no soy el chico que entiende los límites del sí y del no, de los muelles o las terminales, los muros, las estaciones, la clasificación, el simple albero que ahora es grava y hormigas, escarabajos y maleza, la basura cimentada de hormigón armado con los cadáveres de nuestra inocencia. Hoy he vuelto para morir en paz, para liquidar algunas deudas, para dejar marcada la huella de mi paso en tus ojos. Sí. He vuelto. He vuelto y he llamado (sabiendo que no estabas) a tu puerta con palabras para que entres en mí, para que juguemos de nuevo a descubrir lo que son los significados: subirse a los trenes, saltarse los límites de los muros, marcarse un gol en propia puerta, cambiar de estación.

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