La mala puta

[Este texto ha sido rescatado de la sección de columnistas que tuvimos abierta en la web de la editorial palimpsesto 2.0, durante 2014-2015]

«Su decisión había sido permanecer en aguas profundas y tenebrosas, lejos de todas las trampas y cebos y traiciones. Mi decisión fue ir allá a buscarlo, más allá de toda gente. Más allá de toda gente en el mundo.» Ernest Hemingway, 1951

Llevaba tiempo luchando conmigo mismo sobre la idoneidad de firmar una columna dentro de nuestro propio proyecto. Muchos eran los pros, más los contras, y dependiendo del día, una u otra dirección se estrellaban siempre en el abismo preciso. Hoy ha venido a unirse a mi diálogo personal un libro. Es lo que tienen los libros. O te encuentran, o ninguno de los dos existe.

Hoy confieso que hay al menos dos libros que han creado cosas nuevas:

la mala puta La mala puta. Así titulan Román Piña Vals y Miguel Dalmau su Requiem por la literatura española. Este libro viene a ser lo que anuncia, o no. Entre denuncias, ruinas -o ruindad-, el negocio y el pesimismo, también asoma la pasión, la verdad (eso que podría llamarse tuétano) y una pregunta ¿Para qué escribir, la literatura?

A esto, cada cual que se responda o naufrague como pueda. Yo voy a empezar este reto periódico casi desde el mismo punto de partida que empecé a construir palimpsesto 2.0. Desde el mismo punto de partida formal: un libro publicado por Román Piña, y la editorial Sloper. Como muchos de los escritores que recorren este libro yo fui un prometedor escrilector. Un fabuloso devorador de literatura. Es más, uno premiado y becado: fui de esas promesas chiquitinas que leen a oscuras por la noche a la luz de un ®Casio digital de pulsera W-202-1AVEF, de esos adolescentes que cambian las viñetas seguras por estrofas con liguero que no entiende, y que rechaza por otras aún más vistosas e ininteligibles; de esos voyeurs que experimentan con los ojos todo el placer que pueden proporcionar el tacto de unas letras. Yo fui de esos que pensó que nunca acabarían las fiestas de 11 versos, ni los afters vanguardistas. No. Yo no fui un escritor de esos, como muchos de los escritores que recorren este libro. Pero al igual que a ellos, llegó un momento en que la “fiesta literaria” no tuvo sentido para mí. Demasiados “experitextos” que no eran tan experimentales, demasiado siempre lo mismo y cansado descubrí la verdad de la página en blanco y el libro cerrado. Del silencio rimado (Perdónenme el recurso:-P). Me aparté de toda lectura más allá de mis manuales académicos, el periódico deportivo y la cartelería de metro. Muchas direcciones perdidas. Hasta que un día. Años, muchos años después.

creta lateral travelling Creta no encontraba lateral no se qué travelling en los pasillos del “metro” FNAC (si no recuerdo mal). Y me encontró. Agustín Fernández Mallo. Colección La Noche Polar (Ed. Sloper). Este libro, así a bote pronto, es un viaje poco convencional tejido con una escritura que me sedujo bastante: secuencial, lírica, narrativa, tipográfica… Una orgía en el día a día de un célibe incorrupto. Un viaje seguido de un esbozo de ensayo que remató en orgasmo (Como dato curioso, lo que luego se publicó en Anagrama como Postpoesía. Hacia un nuevo paradigma, dibuja en su portada un jugador de fútbol cabeceando un libro.): volví a la fruición adolescente, lasciva y onanista, y aquí estamos a día de hoy: construyendo espacios de lectura, secuenciales, genéticamente poéticos, pero no solo, en la segura convicción de que editar es escribir un catálogo, de la misma manera que estoy convencido de que ser librero tiene su responsabilidad textual y contextual: cultural, política y socialmente hablando. Así que hemos cogido toda esa convicción social, política, cultural, contextual y textual y hacemos exáctemente lo que nos gusta y como nos gusta. Sin imposiciones ni reglas de mercado. Aquí, en las aguas profundas, lejos de todas las trampas, cebos y traiciones… Como aquellos escritores rotos por el sistema: Pablo Gonz, Montero Glez, Felipe Hernández o Ramiro Pinilla.

La mala puta, con todo el acierto pone el grito en la tierra, golpea a lo Hemingway (atlético, duro y magro) diluye los humos de la actualidad literaria: autores, agentes literarios, críticos, editores (los grandes y los pequeños -añadiría-), libreros, premios… Dalmau y Piña, monta tanto. Ahí, valientes, las cartas y las balas (o las bolas) sobre la mesa. ¿Ahora qué? ¿Lloramos por la literatura o construimos nuestra propia cartografía? ¿Qué parte de responsabilidad tienes en esta debacle consentida? Os recomiendo este encuentro con vosotros mismos. Seguro que en algún epígrafe de este libro estáis retratados.

Sin caer en el intrusismo, desvirgando mi narrativa, esta columna pretende ser, desde la convicción de que un editor es algo más que un mercader de recursos, un contrapunto a la “pandilla” de escritores ilustrados que tienen a bien, además de la valentía de publicar con este sello, dejarnos unos rastros periódicos de ellos mismos en este mismo espacio. En otra secuencia. Más lírica, más rica y profesional sin duda.  

Para empezar, ya termino: os dejo este esbozo de orígenes paralelos, un agradecimiento -sin mesura- a los que habéis dejado vuestra obra en nuestras manos porque sabéis que no compartimos ningún reino, y mi pequeño homenaje a un editor valiente y espejo, partícipe sin quererlo de esta trinchera donde posicionarse en el tiempo. O contra el tiempo.