La edición en la era digital – Instituto Cervantes de Praga

Juan Luis Gavala

Juan Luis GavalaEsta semana pasada se han celebrado en Praga las primeras jornadas de Hispanismo, cultura y edición digital, patrocinadas por la Universidad Carolina y el Instituto Cervantes. Y allí hemos estado, acompañados de Noemí Domínguez García, Antonio Martínez-Arboleda, David Castillo, Daniel Escandell, Carlos Cruz Suárez, Mª Mar Rubio- Hernández y Francisco J. López, entre otros nombres y proyectos que conformaban un interesante programa. Hemos aprendido mucho y hemos mostrado por encima una de las líneas de este proyecto: El abordaje de la edición en el entorno digital.

Como proyecto editorial -que no solo- nacido en internet, el mayor y más importante medio digital, muchas veces nos encontramos con la necesidad de enfrentarnos a un debate que en nuestra opinión se quedó obsoleto nada más formularse: Edición digital vs edición impresa.

La edición es edición. Todo lo demás es ruido. Desde un punto de vista práctico, y si hacemos una listado de los procesos editoriales, desde que seleccionamos un texto hasta el marketing y su venta, pasando por la inclusión de ese texto en un catálogo que genere una marca y unas expectativas al lector, así como por la consecución de acuerdos de difusión con los autores, la corrección del texto, su diseño, producción y distribución, la diferencia básica se da en el proceso de diseño y producción (papel o archivo digital). Si la diferencia sustancial entre un tipo de edición y la otra es producir un archivo reproducible y adaptable a los distintos dispositivos electrónicos, creemos que podría acordarse que editar en un medio u otro es cuestión de gustos y colores, y dejar de hacer ruido. Aunque sinceramente, pensamos que el buen editor no debe basarse solamente en el gusto, sino en la capacidad del medio para difundir el texto. El editor debe encontrar la mayor cantidad de canales posibles para asegurar la mejor difusión del mensaje.

Un canal como es el digital, que provoca una transformación económica y social tan o más importante como la que produjo en el siglo XV la imprenta, y que revoluciona toda una industria como es la del libro, debería tener detrás una diferencia de otra índole más allá de los formatos y tecnologías a aplicar. Esta diferencia se encuentra, a nuestro juicio, en la naturaleza de la lectura, y por daños colaterales, de la escritura. Esto nos trae a otros dos elementos de la ecuación velada que estamos intentando formular. Han entrado en el juego los dos actores principales del proceso de comunicación: el lector y el autor.

hipertextosAunque ya existen ejemplos como el de Cortázar o Pérec, incluso mucho más antiguos, como son las glosas bíblicas, la naturaleza diferenciadora de la lectura digital y que condiciona la escritura y la edición por extensión, es su hipertextualidad, sus diferentes estructuras y niveles de acceso al mensaje. Estos niveles vienen dados por algunas características que diferencian la lectura en pantalla a la lectura secuencial por lo general, del papel, salvando los diccionarios, eciclopedias y a algunas rock star de la literatura ya mencionadas: lectura más cansada y lenta, el barrido primario o rapid eye movement del lector sobre la pantalla con el que en un instante localiza los elementos informativos del texto haciendose una idea general del mensaje, abandonando la pagina en busca de otra que lo ofrezca lo que busca, o quedandose a profundizar en ella porque o bien ha encontrado la informacion deseada o ha encontrado algo que le ha llamado especialmente la atencion.

Dicho esto, me gustaría destacar aquí un concepto que ya puede entreverse de todo lo escrito anteriormente y que dejará muy expuesta nuestra actitud en cuanto a la edición: El lenguaje multimedio.

Entendemos, como editores, que somos lectores de lectores, por así decirlo, y que nuestro trabajo es ver el uso que hacen los receptores de los distintos canales para así vehicular los textos que producimos en las direcciones adecuadas. El papel, el archivo (textual, audiovisual, etc) son sólo medios. No hay un medio superior a otro, pueden compartirse y complementarse, potenciando así el mensaje.