Prólogo (método de composición) con agujero negro

Aquí pues, es donde el poema tiene su comienzo: al final.

Edgar Allan Poe

Hay que tener en cuenta que en el inicio del Universo ni hubo explosión ni fue grande, pues en rigor surgió de una «singularidad» infinitamente pequeña, seguida de la expansión del propio espacio.

Michio Kaku, El Universo de Einstein, p. 109.

Cualquier teoría científica es más apasionante que una novela.

A. Fernández Mallo

Lo que pasa al final de este libro es que se acaba. Aquí surge el único y principal dilema que se me planteó cuando decidí que quería abrir el mismo con un poema prólogo que funcionara como tal y sin embargo, no modificara el método compositivo global, ni de dicho poema, en particular. Embebido y convencido de la tradición lírica que me ha traído hasta aquí, remontándome desde el más contemporáneo Fernández Mallo hasta un inicio reconocido y reconocible en Poe, pasando por  Gil de Biedma y Charles Baudelaire, comienzo estas páginas por el final.

Dicho esto, solo cabe pensar que lo que quiero presentar a partir de aquí se encuentra premeditadamente desarrollado en el discurso. Tomando desarrollo como objeto, identificable como tinta categorizada en materia oscura. Este desarrollo tiene un proceso teórico-práctico que empiezo a exponer ahora. Para la composición del poema me planteé en primer lugar el factor de la extensión. Dejando, de ahora en adelante, aparcadas las consideraciones poético-estéticas (lo que Poe llamaría competencia) para este respecto, me fijé un objetivo acorde sobre todo con un criterio más realista, en cuanto a social, teniendo en cuenta el número de lectores bruto, el número de lectores de poesía neto, y los tiempos dedicados a la misma según datos estadísticos de distintas agencias gubernamentales, encuestas editoriales y foros específicos de internet. Con esos valores en la mano fijé como una extensión aceptable del libro (del poema), un número  no mayor de 70 páginas; con un tiempo medio de lectura por página de entre dos y tres minutos.  Ni excesivamente extenso, como para perder efecto; ni tan breve que no llegue a causarlo.

Resuelto el primer paso, pasé a considerar el efecto. Qué impresión quería provocar. Qué tono emplear para resolverlo. Tomando el título [Ensayos para una puesta en escena] como hipótesis referencial, el efecto que se sustrae del mismo es un alejamiento planificado para dejar expuesto, al descubierto, el escenario donde se desarrollará el acto poético. Visto éste como resultado de una situación comunicativa específica, como el área matemática de una pirámide de 4 lados, siendo uno de ellos, el mencionado escenario, la base de la misma. Los otros tres corresponderían a los otros sujetos (y digo sujetos) que intervienen en la situación: el yo lírico, el texto, y el lector. Apelo aquí, en este punto y seguido, a este último para que tenga en consideración un objetivo menos general que parte del sema /prueba/ relativo a la palabra ensayo. Para conseguir hacer creíble este alejamiento consideré oportuno utilizar un lenguaje propio de la incursión teórica, con un discurso narrativo, aunque extrañamente versificado. No porque sean versos originales o experimentales, sino por estar significativamente medidos en ritmo endecasílabo (meramente silábico). Este no era un recurso necesario, de hecho es más bien un guiño artificioso, pero su elección está condicionada a la relación histórica entre el ritmo poético y la música, y el carácter que tiene esta última de expresión universal de lo inasible. Inasible es aquí la palabra clave,

la singularidad

insignificante y pequeña, la partícula que provocará la expansión del espacio  propiamente dicho, tal y como ocurre en la combinatoria entre la teoría de la Relatividad General y las observaciones de isotropía, y homogeneidad, a gran escala de las Galaxias y los cambios de posición entre ellas que dan lugar, en cosmología física, a la conocida teoría del Big Bang, que explica el origen y evolución
del Universo.

Este universo acaba y comienza en sí mismo
(en tus ojos, que son los míos),
experimentando cambios de fase
análogos a la condensación del vapor o a la congelación del agua,
pero relacionados con las partículas elementales,
lo estrictamente inasible
la dilatación pupilar la materia negra la mirada
la sensación
única de extenderse
por carreteras secundarias
al Tiempo.

Agujero negro

Una imagen
es, por lo general,
una representación visual que manifiesta
la apariencia de un objeto real,
como este flash semántico:

La luz, su efecto,
a años luz de su origen,
permanente, el sol, y el verano,
estacionado al margen,
sudor, tú y yo hablando sobre el mapa,
estas leyendas, estos signos,
insectos, sentidos obligados direcciones
prohibidas, intermitentes, destinos físicos:

las otras estrellas, los accidentes
o acontecimientos,
fenómenos, incluso,
como la noche; su luz miótica
a contracción
aunando espacio y tiempo en un valor igual
a la traducción poética
de la brisa en kilómetros hora
más la variable de temperatura,
siempre directamente
proporcional al ángulo
de incidencia de la luz.

La luz la imagen
que arranca en proyección sobre el asfalto,
el objetivo
que nos conduce matemática
fisiológica y silábicamente
a través de las pupilas hacia esa región
finita y negra
que debido a sus características
genera un campo gravitatorio
al que ninguna
partícula material, ni siquiera
los fotones de luz, puede escapar.